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Nuestra Historia

Aunque no existe documento que acredite el inicio fundacional, la tradición oral nos dice que la cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, denominada popularmente como la “Cofradía de los Jeuistas” surgió en Arriate en la segunda mitad del siglo XVI. De hecho, no aparece en la relación del pago del Real Subsidio y Excusado de la Catedral de Málaga (impuesto que todas las hermandades, cofradías o corporaciones religiosas estaban obligadas a pagar al obispado), o en cualquier otro registro, lo cual supone que no contaba con rango oficial y por ello no estaba obligada a tal pago (hecho común a varias cofradías).

No será hasta el siglo XVIII, coincidiendo con la datación de su imagen titular, que aparezcan los primeros testimonios documentales. El más antiguo, que precisamente habla de ésta, es la trascripción de un inventario de 1730 que el párroco D. Manuel de Hoyos insertó en las Constituciones de la hermandad de 1922; un inventario de bienes de la cofradía entre cuyas imágenes y objetos sagrados se encontraba ya la sagrada imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno.

Teniendo en cuenta estos datos, lo más probable es que la cofradía se fundara en el transcurso del primer cuarto del siglo XVIII, y que lo hiciera, como apuntan referentes históricos, documentales y orales, al amparo del patronazgo ejercido por los Marqueses de Moctezuma, Señores de Arriate, que, muy posiblemente, fueron los donantes de la excelente imagen de Jesús Nazareno en torno a la cual se organizó la cofradía. Una escultura cuya calidad artística acarrearía un coste económico al que un pueblo de la entidad y tamaño de Arriate no podría haber hecho frente.

La Real, Muy Antigua y Venerable Cofradía de Ntro. Padre Jesús, cuya denominación es producto de concesiones Reales, Episcopales y Pontificias en sus primeros tiempos, tiene como función concreta la asistencia a los moribundos, asegurar la sepultura cristiana en el cementerio a los miembros de la misma y la celebración de varias misas a favor de su alma, y como objetivo general colaborar con la Iglesia Católica y luchar contra la expansión de la Religión Protestante, la cual, bajo el liderazgo de Lutero y especialmente de Calvino, luchó por la erradicación de la representación de Dios con imágenes.

Son muy pocos los datos conocidos de su antigua historia. En 1778, según reza en entrada anotada en libro de cuentas, recibió la cofradía la visita pastoral del Obispo de Málaga D. José Molina Larios, que recomendó al párroco D. Miguel Velasco la confección de un primer reglamento o estatuto para la cofradía, que hasta esta fecha carecería de él. Reglas para cuya confección fueron convocados los hermanos a un Cabildo en el que, además, se acordó la obligación de asistir a los entierros de los hermanos, el envío de alguna cera para el alumbrado del cadáver y la aplicación de una misa cantada y algunas rezadas por los hermanos vivos y difuntos; aspectos que confirman el carácter asistencial de la cofradía.

El 24 de febrero 1796 recibió, a instancias de D. Antonio García de la Cámara, Presbítero, Abogado de los Reales Consejos, Comisario y Consultor del Santa Oficio de la Inquisición, Gobernador y Vicario General del Obispado de Málaga, el que, hasta la fecha, es su mayor reconocimiento o prebenda; una bula de indulgencias plenarias en beneficio de sus hermanos rubricada por el Pontífice Pío VI. Éstas se harían efectivas, siempre que el hermano estuviese confesado y comulgado, en tres ocasiones: el día de su ingreso en la cofradía, el día de la fiesta principal de instituto, y el día de su muerte.

Una cofradía que, como podemos comprobar en un estado de cuentas de 1809 conservado en su archivo, se financiaba, además de con los medios usuales (cuotas luminarias y limosnas de los hermanos), con los fondos que recogía con su taza de pedir (demanda); una interesante y bella pieza de platería malagueña fechada a principios del siglo XIX que, común a muchas cofradías con fines asistenciales (aunque pocas la han conservado), se pasaba entre los asistentes a los cultos y también de casa en casa de manos del muñidor con el fin de recaudar fondos para financiar la cofradía y los enterramientos de sus miembros. Ingresos que, no obstante, no serían suficientes, pues se sumaban a los obtenidos con la venta de diversos bienes donados por los hermanos (embutidos, un borrego, trigo, un chivo, lana, pieles, etc.) y las escasas rentas que daba un pequeño olivar, , propiedad de la cofradía (donación de un hermano); un extremo poco conocido que justificamos documentalmente en dos de las entradas reservadas a gastos de las citadas cuentas, en las que, textualmente, se refiere a “12 reales en arar el olivar del Señor” y “8 reales en recoger las aceitunas del olivar del Señor’

Avanzando entre los datos referentes a la cofradía acaecidos durante el siglo XIX, que no son muchos —salvando la relación de Mayordomos y su fecha de elección entre los años 1814 y 1830—, nos encontramos con dos noticias, las más relevantes que, fechadas el 9 de junio de 1817 y el 27 de septiembre de 1824, se refieren a sendas visitas del obispo de Málaga, D. Alonso Cañedo Vigil, en las que, siguiendo su respectivo orden cronológico, reconoció y aprobó los libros de Cabildos y Cuentas de la Cofradía.

Llegado el siglo XX la cofradía continuaría llevando a cabo sus cometidos sin cambios o hechos relevantes en su haber. El 20 de marzo de 1922, siendo párroco Manuel de Hoyos y mayordomo Rafael López Gómez, se aprobaron unos nuevos estatutos; la vida de la cofradía transcurría con normalidad. Pero llegó 1931, la Republica triunfaba en España dando paso a revueltas político-sociales que se cebarían con las instituciones eclesiásticas y religiosas. El 11 de mayo fue un día especialmente trágico, iglesias y conventos de toda España ardían a manos de grupos de exaltados. La parroquia de Arriate no estaba entre ellas; se salvó de las llamas, pero no del fuerte sentimiento anticlerical de aquellos años. Así, los años 1932 y 1933 la cofradía optó por no realizar sus habituales estaciones de penitencia por temor a las represalias que pudieran ocasionarse.

Apaciguados los ánimos y consolidada la nueva situación política, Ntro. Padre Jesús Nazareno volvió a procesionar por las calles de Arriate en 1934, pero en febrero de 1936 se recrudece la situación, que estalla definitivamente el 26 abril de aquel mismo año. Los elementos exaltados de la villa, alentados desde el balcón de una casa cercana a la iglesia por un diputado socialista apellidado Sarmiento, se dirigieron a San Juan de Letrán decididos a destruir la imagen más venerada de la villa, la de Ntro. Padre Jesús Nazareno, que, no obstante, y gracias a la devoción de un puñado de hermanos que pusieron en juego sus propias vidas, sobrevivió al ataque. Los hechos que fueron recogidos el 15 de abril de 1937 en acta levantada por la cofradía, aún perduran en el recuerdo de muchos arriateños.

La venerada escultura de Ntro. Padre Jesús Nazareno fue arrastrada hasta la puerta, separando su bendita cabeza del santísimo cuerpo a golpes que con grandes piedras le dieron, ocasionándole también destrozos en las manos y piernas; en este triste estado fue recogido en la calle por la hermana de esta cofradía Dolores Serrano López, quien acompañada del también cofrade Manuel Márquez Gamarro, lo depositaron en una casa próxima a la iglesia, pero ante el temor de que asaltasen también la casa donde se encontraba decidimos trasladarlo a otra más lejana, y una noche del mes de mayo en complicidad con la oscuridad y silencio nocturno, para no ser descubiertos, fue trasladado por los hermanos Juan Sánchez Conde, Francisco Higuero, José Garrido Sánchez y Lorenzo Melgar Gallego al domicilio de éste último situado en calle Ronda número 45.

El 18 de julio de este mismo año nuevamente se vuelve a entrar en la iglesia al saqueo e incendio de cuanto anteriormente había quedado de imágenes y objetos, entre ellos los correspondientes a esta cofradía que son los siguientes: Simón Cirineo, un hermoso trono y un magnífico palio (estos dos últimos citados fueron adquiridos por la cofradía siendo hermano Mayor José Márquez Prieto), además tres cruces y seis candelabros, como así mismo todo el patrimonio artístico de nuestra iglesia.

Efectuaron las hordas registros en todas aquellas casas de familias religiosas donde sospecharon se pudiese encontrar nuestra imagen, librándose de estos registros solamente las de los cofrades Lorenzo Melgar Gallego, donde se encontraba el cuerpo, y la de Isabel Conde Becerra “viuda de Rafael Sánchez” que ocultaba la cabeza, quedando así patente lo que a nuestro juicio fue un portentoso milagro, ya que estas familias eran de significado fervor religioso.

Ntro. Padre Jesús Nazareno fue la única imagen que se salvó de entre las existentes en la parroquia de San Juan de Letrán. El resto, así como la mayor parte del patrimonio de la cofradía, ardieron a manos de los elementos incontrolados.

El 18 de septiembre de 1936, día en que las tropas del bando Nacional entraron en Arriate, se liberaron las diferentes partes en que quedó despiezado el Nazareno. La cabeza se condujo, con total discreción, al domicilio de Lorenzo Melgar, donde se guardaba el cuerpo. Una vez allí, fue el carpintero local, y cofrade, Rafael Serrano Higuero quién, en el más absoluto de los secretos, reensambló la cabeza al cuerpo y talló el dedo índice de la mano izquierdo que había perdido. Padre Jesús estaba listo para regresar a su iglesia, pero no lo haría hasta la madrugada del Jueves Santo de 1937; día en el que, tras permanecer oculto durante casi un año, recorrería de nuevo las calles de Arriate en un solemne Vía Crucis que lo conduciría de nuevo a su iglesia (ubicación que sólo abandonaría entre 1976 y 1978 por la Capilla de la Residencia de Ancianos por encontrarse ésta en obras). El pueblo entero se arremolinaba ante la puerta del domicilio que intuían guardaba a la venerada imagen. Al rayar el alba, en la hora acostumbrada, se abrieron las puertas de la casa de Lorenzo Melgar; la sensación de todos era indescriptible, la plaza que se ubica ante dicha casa era un mar de gente, y Arriate entero un río de lágrimas de emoción; el Nazareno, al que muchos creyeron perdido para siempre, se había salvado, y estaba de nuevo junto a su pueblo en la mañana del Jueves Santo.

A partir de aquel momento la cofradía retomó sus actividades con la normalidad acostumbra, pero teniendo que afrontar una renovación total del maltrecho patrimonio. Poco a poco, y con el esfuerzo de todos sus hermanos, fue recuperando el esplendor de sus cortejos penitenciales. Los ingresos obtenidos con las luminarias, las limosnas recogidas con la taza de pedir (demanda), o la venta de bienes donados por los hermanos se sumaron a nuevos sistemas, y comenzaron a organizarse numerosas rifas, conciertos y viajes cuyos beneficios fueron destinados a sustituir todo lo destruido. Así, entre 1940 y 1942, se confecciona un nuevo trono y se adquiere, probablemente en Granada, la nueva figura de Simón Cirineo, que sustituiría a la perdida el 18 de julio de 1936; una talla dieciochesca de candelero y mediano interés artístico, que sólo conocemos gracias a unas pocas fotografías en las que aparece acompañando a la imagen del Nazareno.

En 1951, con la adquisición por parte de la parroquia de la imagen de una Dolorosa encargada a finales de 1950 al imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci, se incorpora un nuevo paso a la salida penitencial del Jueves Santo por la noche; el de la Virgen de los Dolores. La nueva imagen, al amparo de la naciente hermandad de Ntra. Señora de los Dolores, procesionaba en trono propio a cargo del profesor José Díaz Mena, y repetía Estación de Penitencia la noche del Viernes Santo acompañando al Stmo. Cristo de la Sangre, titular de la hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre y Santo Entierro de Cristo, segunda de las cofradías penitenciales de la villa de Arriate. La noche del Jueves, en la que acompañaba al Nazareno, era portada por hermanos horquilleros de la hermandad del Stmo. Cristo de la Sangre, y la del Viernes, por los de la Cofradía Ntro. Padre Jesús Nazareno, dando lugar a un simbólico hermanamiento entre las dos cofradías de localidad que, a la luz de historia, nada tiene que ver con la ancestral rivalidad y competencia que, llena de sutilezas, aún siguen manteniendo. Una curiosa circunstancia que se vino produciendo, año tras año, hasta principios de la década de los setenta, en los que la profunda crisis vivida por la hermandad de Ntra. Señora de los Dolores hizo desaparecer temporalmente este paso de la Semana Santa de Arriate.

Unos pocos años después, entre 1954 y 1956, se adquiere en Puerto Real un trono de segunda mano para la noche del Jueves Santo, y con él se elimina el tradicional sistema de horquillas, que sería sustituido por el actual, en el que el peso del trono descansa sobre una estructura provista de patas. No obstante, durante algunos años el antiguo sistema seguiría utilizándose en el trono utilizado para salida del Jueves Santo por la mañana.

A partir de los setenta vive la cofradía un periodo de gran actividad, siendo muchas sus nuevas adquisiciones y varios sus renovados empeños, que, ahora más que nunca, financia con la organización de numerosos viajes por toda la geografía peninsular y europea. Entre 1974 y 1977 construye su propia capilla – base de su actual casa de hermandad – en la calle La Fuente, y en 1978 confecciona unos nuevos estatutos, que serían aprobados el 16 de noviembre de aquel mismo año por el obispado de Málaga. En 1980 adquiere un nuevo trono para la madrugada del Jueves Santo realizado por orfebre sevillano Manuel de los Ríos, y en 1981, bajo el impulso del cofrade Antonio Conde Ropero, vuelve a poner en la calle el trono de María Stma. de los Dolores, que, a partir de entonces, y hasta la fecha, lo haría bajo palio propiedad de la cofradía y portada por sus propios hermanos. Un proceso de intensa actividad religiosa que no cesará ya hasta nuestros días, contando con una destacada faceta músico-cultural encabeza por su coro, que, organizado en la década de los 60, participa con sus cantos en los magníficos cultos de su cofradía y cuantas otras lo solicitan (entre ellas las hermandades de la Virgen de la Paz, Ntra. Señora del Rocío o Ntra. Señora de la Cabeza, en Ronda, la de Ntra. Señora del Prado, en la pedanía rondeña de Los Prados, o la Ntro. Padre Jesús Nazareno, de Alcalá del Valle), contribuyendo, sin lugar a dudas, al engrandecimiento de la misma con composiciones que, entre diciembre de 2001 y enero de 2002, fueron grabadas en el que es su primer disco, titulado Misa Arriateña (estrenado en la parroquia de San Juan de Letrán de Arriate el 17 de febrero de 2002).

Un coro que, como hemos adelantado, es parte indispensable en la celebración de los cultos internos de la cofradía, que constituyen, junto a las procesiones de Semana Santa, su principal razón ser, evidenciando, en su cuidado y realce, el esplendor de una cofradía que cuenta en la actualidad con más de 2.000 hermanos en una localidad que no sobrepasa los 4.200. Cultos que, a pesar de distribuirse a lo largo del año con la celebración de la festividad del Dulce Nombre de Jesús (en la que la cofradía recibe a sus nuevos hermanos) o la Eucaristía de todos los viernes del año (en la que recuerda a sus hermanos difuntos), tienen sus capítulos más destacados llegado marzo; un mes en cuyo primer viernes se celebra el devoto besapié a Ntro. Padre Jesús Nazareno. Tras éste, en fecha variable, se celebra la tradicional Novena, que acaba todos los años con la celebración del Domingo de Jesús (Viernes de Jesús hasta 1977) día de la función principal de instituto y fiesta comunal de la cofradía, que, junto al Jueves Santo, es el día más importante de cualquier jesuista de Arriate. Un día en el que la Eucaristía de la novena se realza con la participación de músicos, corales y predicadores de primer nivel; cantaores como Niño Bonela, Niño Canillas y Pepe de la Isla, que participaron en la misa flamenca celebraba el Viernes de Jesús de 1973, la Coral Santa María de Victoria de Málaga, que lo hizo en el primer Domingo de Jesús en 1978, el cantaor y catedrático Alfredo Arrebola acompañado por el guitarrista Enrique Campos (Premio Nacional de guitarra), que cantó una nueva misa flamenca en 1979 o la Coral Vicente Espinel de Ronda, que actuó en 1 980.

Tras el Domingo de Jesús tienen lugar el Pregón Jesuista y la Comida Homenaje a los Hermanos Horquilleros, ambos actos instaurados en 2002, que dan paso, ya durante el Sábado de Pasión, al Solemne Traslado de la Imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno desde la parroquia de San Juan de Letrán a la capilla de la cofradía, en la que el titular, precedido por el guión de la cofradía, es acompañado por numerosos fieles a los sones de una banda o agrupación musical que suele variar cada año.

Llega la Semana Santa y la cofradía entra en ebullición; tras todo un año de espera se aproxima una nueva estación de penitencia de Ntro. Padre Jesús. El Lunes Santo se celebra un solemne Vía Crucis en la capilla de la cofradía, y el Martes, tras la celebración de la Eucaristía, se dispone a la Sagrada Imagen para su exposición pública y recepción de la ofrenda floral de los arriateños, que desde 2001 – fecha oficial en que se conformó este acto -se dirigen en masa a depositar sus flores a los pies del Nazareno. En la tarde del Miércoles Santo tiene lugar el sorteo de horquilleros, en el que, ante el capataz del trono de Ntro. Padre Jesús, se designa a los hermanos que lo portaran tanto en la procesión de la mañana como en la de la noche; una práctica que, impuesta en torno a la pasada década de los setenta, anuló la antigua tradición, según la cual los hombres que pretendían tener el honor de portar a la sagrada imagen se personaban la noche anterior a su salida en la iglesia para atar un pañuelo a uno de los varales del trono señalando el lugar que ocuparían a la mañana siguiente.

Finalmente es Jueves Santo y todo está preparado. Raya el alba, son las 6:30 de la mañana y el Hermano Mayor de la cofradía se dirige a la puerta de la capilla del Nazareno; no hay lugar para nadie más en la calle La Fuente. Llama a la puerta y a la voz de “Paso a Jesús Nazareno” se abren las puertas; ahí está Ntro. Padre Jesús, que desprovisto de su Cruz y con las manos atadas, representando el momento iconográfico de Jesús Preso, aguarda a recorrer las calles de Arriate. El primer penitente en salir a la calle porta la Cruz Guía y tras él un interminable río de capirotes blancos y largas colas moradas arrastradas por el suelo que llegará a alcanzar casi el kilómetro de largo.

Ntro. Padre Jesús, Jesús Cautivo, está en la calle, y comienzan a oírse los sones de magníficas bandas de música. Sonidos que a la largo de la historia han supuesto uno de los signos distintivos de la Semana Santa de Arriate, que año a año, en un afán de superación que nace de la rivalidad entre sus dos cofradías, han conducido hasta esta pequeña población a algunas de las bandas más relevantes y pintorescas de toda España; una larga nómina que, en el caso de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, podemos esbozar citando las siguientes: Banda Sinfónica del Cuerpo Superior de Policía de Madrid, Banda de Cornetas y Tambores del IV Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión de Ronda, Banda del Sagrado Corazón de Madrid, Banda de Cornetas y Tambores del Regimiento de Marina de Cádiz, Banda de la Escuela de Guardia Jóvenes de Valdemoro, Asociación Filarmónica “Ntra. Sra. del Carmen” de Salteras (Sevilla), Agrupación Musical Aureliano del Real de Ronda, Banda de Música de Herrera (Sevilla), Agrupación Musical de Ntro. Padre Jesús de la Piedad en su Presentación al Pueblo de Jaén, Banda de Cornetas y Tambores de Ntro. Padre Jesús Cautivo de Sevilla, Banda de Cornetas y Tambores “Coronación de Espinas” de Córdoba, o la Banda de Cornetas y Tambores Ntra. Sra. del Rosario de Arriate.

El itinerario es prácticamente el mismo desde el siglo XVIII (con la diferencia de que antes salía desde la parroquia), si bien han cambiado muchas de las maneras y tipos que el cortejo incorporaba hasta finales del siglo XIX o principios del XX, cuando (lo podemos comprobar en una antigua fotografía de finales del XIX) el trono de Padre Jesús iba acompañado de palio de respeto y el cortejo aún contaba con la concurrencia de diversas figuras alegóricas de la Pasión, que eran encarnadas por cofrades ataviados con máscaras; similares, por poner un ejemplo muy conocido —aunque en grado muy diferente—, a las conservadas en la Semana Santa de localidades cordobesas como Puente Genil o Baena. Representaciones con origen en la litúrgica teatralizada del barroco, que en el caso de la cofradía del Nazareno de Arriate incorporaban al cortejo de su estación penitencial las figuras de judíos y sayones que increpaban a Jesús, la de la Verónica, María Magdalena, Judas o las alegorías de la Virtudes Teologales (Fe, Esperaza y Caridad). Una catequesis visual e itinerante de la que sólo se ha conservado la presencia de un escuadrón de romanos y la recuperada —aunque desvirtuada— Bendición desde lo alto del Callejón; una tradición, también de origen dieciochesco, que según aportación de las fuentes orales se celebrada en el lugar conocido como los “Molinitos’ desde donde la figura de Ntro. Padre Jesús, cuyo brazo derecho estaba pensado para poder ser articulado a voluntad mediante un sistema de cordajes, impartía su Bendición al pueblo, que se aglomeraba en la margen opuesta del río Guadalcobacín.”

Sobre las 11:00 de la mañana regresa Jesús Cautivo a su capilla, donde, nada más entrar, comienzan los preparativos para su segunda salida penitencial, que tendrá lugar a las 22:00 horas. Una Estación de Penitencia que Padre Jesús realizará en un trono diferente al utilizado en la mañana, soportando el peso de la Cruz en su hombro izquierdo, con la ayuda de Simón de Cirene y acompañado por la Virgen de los Dolores, con la que tendrá un emotivo encuentro en la plaza de la Constitución, momentos antes de entrar en la parroquia el trono de Ntro. Padre Jesús y en la capilla la de la Ntra. Señora de los Dolores.

Jueves Santo en Arriate que, a lo largo de los años, ha visto sucederse hechos relevantes recordados por todos sus cofrades. Así, son de especial mención el del año 1981, en el que una avioneta del ejército arrojó una lluvia de pétalos sobre la imagen de Padre Jesús cuando atravesaba el Callejón, o el de 2003, cuando la cantante Pasión Vega, como una devota más en la noche del Jueves Santo, dedicó una nana al Nazareno.

Una de las singularidades más evidentes de esta cofradía la suponen sus hábitos, que a lo largo de los siglos, y a pesar de sus modificaciones, han sabido conservar dos rasgos singulares que los convierten en retazos cargados de historia, simbolismo y artisticidad: su larga cola arrastrada por el suelo y sus cinturones. La cola, que surgió entre los hábitos nazarenos allá por el siglo XVI, cuando los penitentes que conformaban los cortejos procesionales se dividían aún entre los de luz (que portaban cirios) y los de sangre (disciplinantes, aspados o empalados), se comenzaría a usar en la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Arriate desde el momento de su fundación, en pleno siglo XVIII, y desde entonces viene siendo pieza capital en el hábito de sus hermanos; un componente cargado de simbolismos en consonancia con los predicamentos piadosos y expiatorios que impuso la contrarreforma barroca. Sentidos múltiples que se pueden dividir en tres. El primero se refiere a la profilaxis espiritual del penitente, que en su andar deja atrás sus culpas y pecados, identificados en la cola del hábito, que a su vez se impregna de la inmundicia pecadora visible simbólicamente en la suciedad que la cola recoge de las calles por la que pasaba. El segundo sentido también tiene relación con la limpieza del pecado, pues la suciedad física y espiritual que arrastran las colas, dejando al penitente y a su entorno físico libre de pecado, crean la pulcritud necesaria para el paso de la Sagrada Imagen que tras ellos viene, actuando estos penitente como verdaderos barrenderos espirituales que permiten que Jesús, portado y cortejado por hombres, no pise jamás su inmundicia pecadora. Por último, la cola es también un símbolo empleado a la hora de la muerte, pues en su origen, era utilizada por las cofradías y hermandades para cubrir los cuerpos de sus hermanos difuntos de pies a cabeza, de ahí su longitud, que de ese modo daban el paso definitivo hacía Jesús llevando consigo los pecados de su existencia física y penitente.” Un rico legado simbólico y espiritual que, aún siendo común a muchas hermandades y cofradías de antigua fundación, se ha conservado en muy pocos lugares siguiendo su prístina disposición, que no es otra que la de portarse, suelta, arrastrada por el suelo (caso de Aguilar de la Frontera, en la que la lucen, como en Arriate, todas sus hermandades, o Granada, donde persiste en su uso gracias a los penitentes de la hermandad del Silencio).

De otro lado tenemos los cinturones, que aún sin contar la profunda significación histórica, y simbólica, de la cola, es otra de las “joyas” de la cofradía, que sustituiría a los primitivos de esparto a partir del siglo XIX. Anchas piezas de terciopelo morado bordadas en hilo de oro y seda, y con aplicaciones de pedrería y lentejuelas (existiendo casos peculiares en los que se presentan pintados al óleo), que reproducen, en gran variedad de formatos y diseños, diferentes motivos vegetales y heráldicos relacionados con la cofradía (principalmente su escudo), la devoción a Jesús Nazareno (visible en su emblema) o el Sacramento de la Eucaristía (en forma de ostensorio). Piezas únicas, pues cada uno de ellos es diferente a los demás, que han sido elaboradas por cientos de artesanas anónimas que, de generación en generación, han sabido conservar su singular y rica artesanía. Un componente del hábito nazareno de Arriate (pues es compartido con la hermandad del Stmo. Cristo de la Sangre) que, en casos particulares, ha dado lugar verdaderas obras maestras del bordado con más de un siglo de antigüedad; que cada cofrade guarda como una joya de incalculable valor sentimental que legará a su descendencia.”

En un principio la cola y el cinturón irían acompañados por túnica y antifaz sobre capirote cónico de color morado, pero poco a poco irían introduciéndose modificaciones. Las primeras atañerían al capirote, que en atención a una Cédula Real impuesta por Carlos II en 1692, que obligaba a los penitentes a llevar el rostro descubierto, desaparecería temporalmente a favor del capirote de capuchón caído, que, no obstante, dejaría de utilizarse a mediados del siglo XIX, dando paso de nuevo al de forma cónica, que preservaba el anonimato del penitente. Un hábito que no sufriría modificaciones sustanciales hasta mediado el siglo XX, cuando, entre 1954 y 1956, se cambia el color de los antifaces por el blanco y se introduce el uso de la capa —también blanca—; aunque ésta sólo sería portada por los miembros de la Junta de Gobierno y los portadores de insignias. Una modificación que daría pie a la disposición actual, que, en voz de la propia cofradía, se compone de la siguiente manera: antifaz blanco con escudo de la cofradía bordado en el pectoral, túnica morada con cola de 2 m., cinturón morado en terciopelo bordado en oro, cíngulos morados, zapatos negros y guantes blancos, portan capa blanca con escudo bordado en el antebrazo izquierdo los miembros de la Junta de Gobierno y portadores de insignias.

Su escudo heráldico fue confeccionado por Vicente de Cadenas y Vicent, Cronista de Armas de la Casa Real, y muestra escudo terciado en palos, timbrado por corono real. El primer tercio lo ocupa león de gules en campo de oro armado y coronado de azur (emblema de la casa de Hasburgo), el segundo, faja de plata sobre campo de gules (de la casa de los Austria), y el tercero, banda de gules cargada de tres águilas de oro en campo de oro (de la de Verona).

Son sus Hermanos Mayores Honorarios, por orden de antigüedad, el IV Tercio “Alejandro Farnesio” de la Legión Española (cuyo nombramiento fue aceptado el 8 de septiembre de 1977 por el General Subinspector de la Legión D. José Jiménez Enrique), la Banda Sinfónica del Cuerpo Nacional de Policía (c. 1985), S.M. El Rey D. Juan Carlos 1 (que aceptó dicho nombramiento el 5 de noviembre de 1998) y la Congregación de Madres de Desamparados y San José de la Montaña de Arriate (en 2000); la única que, hasta la fecha, ha recibido tal honor a perpetuidad. De otro lado, cuenta la cofradía con varios reconocimientos a su labor cofrade, cultural y piadosa, entre los que destacan los de la hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno de Alcalá del Valle (Cádiz), con la que se hermanó el 11 de marzo 2005, las Madres de Desamparados de la Misión de San Cristóbal de Guatemala (septiembre de 2000), la Congregación de Madres de Desamparados y San José de la Montaña de Arriate (2000), el Escuadrón de Caballería del Cuerpo Nacional de Policía de Sevilla (c. 1990), la hermandad de Ntra. Señora del Prado (Los Prados, Ronda; c. 2000), o la Banda de Música Ntra. Señora de Palomares (2 de marzo de 1996).

El 26 de marzo de 2006, en conmemoración del 210 aniversario de la Bula Papal de indulgencias plenarias concedida por el Papa Pío VI, le fue concedida a la cofradía la Medalla de Oro de la Villa de Arriate, de manos de su alcalde D. Bernardino Gaona.

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